Fortaleza emocional

Nuestras aptitudes en el ministerio pueden ser impresionantes, pero sin la fortaleza interior para arriesgarnos y tomar la iniciativa, o la capacidad emocional de resistir los riesgos y la crítica que conllevan el liderazgo, probablemente no podremos ser capaces de dirigir un ministerio. El liderazgo requiere tanto coraje para la misión como capacidad emocional. Ambos requisitos son inseparables. Es lo que diferencia a los líderes verdaderamente buenos del resto. Y, no obstante, la dimensión emocional a menudo se pasa por alto en el liderazgo.

 

La salud emocional comienza con la manera en que pensamos. Los sentimientos no son causas, son consecuencias; son el resultado de aquello que nos decimos a nosotros mismos. A veces nos decimos verdades; otras veces, no. Lo que nos decimos, no obstante, bueno o malo, afectará nuestra posibilidad de resistir emocionalmente la realidad que, según nuestras percepciones, nos rodea. Por eso justamente Pablo, inmediatamente antes de asegurarnos de que «el Dios de paz estará con ustedes» (Filipenses 4:9), nos exhorta a cuidar nuestros pensamientos.

 

Sin duda este es un verdadero desafío para la mayoría de los líderes que conozco, y yo soy tan vulnerable como cualquiera. Pero el apóstol Pablo es tajante. «Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10). Es evidente que, en parte, se trata de un problema espiritual. Tememos más a la gente que a Dios.

 

Sin embargo, también es cierto que esta inclinación por agradar a la gente es la contracara negativa de lo que implica tener intención de ser un buen líder. Deseamos tener sensibilidad, preocuparnos por la gente, influir en las personas para que nos sigan, como nosotros seguimos a Cristo. Y casi con toda seguridad que no querrán seguirnos si no los complacemos. Sin embargo, llevado a un extremo, el riesgo está en cruzar esa línea peligrosa y pasar a tener una dependencia enfermiza de la aprobación de los demás.

 

Y vaya cómo se manifiesta esto cuando nos critican. La consecuencia emocional puede ser devastadora si no sabemos manejar la crítica y no respondemos adecuadamente a quienes nos critican. A continuación, sugiero algunas pautas que en el curso de los años me han ayudado a mitigar el dolor de no poder complacer a todo el mundo:

 

  • Estar siempre dispuesto a aprender. En general, hay algo de verdad en las críticas que recibimos, aun cuando no sean del todo justas.

  • Evitar personalizar la crítica. Necesitamos ser lo suficientemente humildes para no tomar la crítica como algo personal; hacerlo nos podría llevar a reaccionar de manera exagerada o a no entender bien cuál es el verdadero problema.

  • Tener en cuenta el dolor de quienes nos critican. Lamentablemente, la gente cuando se siente mal tiende a lastimar a otros y criticarlos. A veces, lo que están haciendo es proyectar sus conflictos internos sobre nosotros.

  • Consultar a personas de confianza. Cuando la crítica nos hiere, tendemos a perder objetividad; por eso es bueno conversar el tema con nuestro cónyuge, amigos y otros líderes, que podrán ayudarnos a determinar cuánto hay de legítimo en la crítica, cuánto hay que no tiene fundamento, y cuál sería la mejor manera de responder a la crítica.

  • Orar. Quienes nos critican necesitan que oremos por ellos y sus problemas, y nosotros necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para sanar nuestras propias dolencias.

 

Un joven líder cristiano, que había pasado por muchas situaciones desalentadoras, me confesó que un día él y su esposa tomaron la decisión de que no se contentarían con sobrevivir, sino que prosperarían. Decidieron convertirse en personas de fe, vivir con alegría y no dejar que sus problemas determinaran su perspectiva. Me describió la increíble transformación que eso produjo en sus actitudes y en el disfrute de la vida. Solo después se produjeron unas maravillosas transformaciones en el ministerio que dirigían.

 

 

Tomado de El líder que otros seguirán, del Dr. James T. Bradford, anterior secretario general de las Asambleas de Dios, y actual pastor de Central Assembly of God, Springfield, Missouri. Salubris Resources, 2015. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.