Dejar la orilla atrás
Cuando Pablo subió al barco, ese parecía ser el comienzo de un viaje concertado por las autoridades humanas por razones políticas. Aunque fueron personas las que tomaron las decisiones que colocaron a Pablo en ese barco específico y en ese tiempo determinado, Dios estaba obrando por encima, debajo y alrededor de todo para llevar a cabo sus planes. Había muchas cosas preparadas para este viaje, y «[Aquel que gobierna] sobre el mar embravecido» (Salmo 89:9) dispondría todas las sendas y todos los propósitos.
Si tú aceptas la perspectiva de la vida como un viaje, el primer paso es elegir quién ser. el capitán de tu barco. En nuestra vida diaria, habrá diversas personas con tareas y motivaciones personales que tal vez estén en posiciones de autoridad sobre nosotras; sin embargo, para la seguidora de Cristo que se ha rendido a su voluntad, eso no determina quién realmente está al timón del barco. Debemos saber y creer que Él está al timón, y que es el Único que puede guiarnos en amor y con perfecta sabiduría.
Comprender este principio nos da paz. Cuando sabemos que Jesús está guiando el barco, nuestro corazón se llena de confianza y esperanza, en especial cuando no tenemos control de nuestras circunstancias. Podemos confiar que Él se encargará de cada detalle de nuestra vida. Cuando Él nos guía por una nueva etapa de nuestro viaje, debemos estar fundamentadas en nuestra propia versión de la declaración simple de Cristóbal Colón: «Siguiendo la luz del sol, salimos del Viejo Mundo». En nuestro caso, nosotras seguimos la luz del Hijo, lo cual significa que en efecto dejamos el «viejo mundo» atrás.
Tal vez la parte más dura de nuestro viaje es el comienzo, cuando zarpamos y dejamos la orilla atrás. Una cosa es reconocer que «un abismo llama a otro abismo» (Salmo 42:7), sabiendo que Dios está tirando de las amarras invisibles de nuestra alma, remolcándonos para que salgamos de la seguridad del puerto hacia algo mayor que nuestros propios sueños. Otra cosa es subirse al barco, anclar y entregarle el timón a Él.
Su llamado siempre está activo en nuestra vida, más allá de quiénes seamos, de dónde vivamos, o de lo pequeño que parezca el siguiente paso. Sus propósitos y planes van más allá de todo lo que podamos imaginar. Nuestra perspectiva del destino es tan diferente de la suya, es mucho más pequeña. ¡Él ve la profundidad y la anchura y la altura de toda la eternidad! Su perspectiva se extiende desde antes de la creación de esta tierra finita hasta la vida eterna que nos espera. Solo Él puede hacer que converjan las vidas, las sendas y las citas que darán cumplimiento a sus planes.
Nos anima compasivamente a que aceptemos un modo de vida dependiente y que lo dejemos escribir nuestra historia. Él anhela que nosotras le permitamos guiar nuestro viaje. Cuando nos rendimos a Él y dejamos que sea el capitán del barco, no hay razón de temer, no importa quién sea nuestro enemigo, cuál sea nuestra tormenta y cómo sean los mares en los que naveguemos. Él da órdenes al mar. Él habla y los vientos y las olas obedecen. Sólo Él establece el sol, la luna y las estrellas en lo alto.
Si reconocemos por completo que el poder de Dios puede llevar a cabo lo imposible, como también su amor incondicional e inagotable por nosotros, debemos acercarnos más al ámbito de la confianza. En algún momento, simplemente se convierte en una invitación a dejar el muelle y subir a la cubierta del barco. Incluso cuando la vida nos desafía a dejar la orilla y soltar el timón, podemos confiar en Dios en todo sentido.
Tomado de Viaje: Confía en Jesús en aguas desconocidas por Kay Burnett, ˝2017 por Gospel Publishing House. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.
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